Los paisajes metafísicos de Alejandro Campins.

Por Laura Salas Redondo

 

“Los paisajes metafísicos de Alejandro Campins”, por Laura Salas Redondo. ART Nexus, No. 106, Septiembre – Noviembre, 2017.

El Cinema Teatro Nuovo, donde por primera vez llegó el cine a San Gimignano, la urbe toscana detenida en la Edad Media, estuvo activo durante treinta y cuatro años. Un día, nadie más fue a ver películas; fue “abandonado” a causa de la modernización del consumo audiovisual. Algo similar sucedió con el cine-teatro Águila de Oro en el chinatown de La Habana. Allí los habitantes del barrio poco a poco, a causa de la depauperación del lugar, fueron refuncionalizando el espacio. El denominador común de ambos cine-teatros es que funcionan en la actualidad como sedes de la Galleria Continua en las respectivas ciudades.

Entre el 14 de mayo y el 28 de agosto de 2017 se presenta la muestra del artista cubano Alejandro Campins titulada «Declaración pública». Esta -su primera exposición personal en Italia- se encuentra en Galleria Continua, en su sede primigenia de San Gimignano. El espacio, llamado Arco dei Becci, confraterniza dialógicamente con las seis obras expuestas ya que Alejandro pensó y ejecutó cada una especialmente para dicho sitio. En la ciudad cohabitan, en otras extensiones de Continua, sendas exposiciones personales del inglés Anthony Gormley y del indio Subodh Gupta; y es que la galleria tiene como primicia mostrar en paralelo a jóvenes y a figuras conocidas en el mundo del arte contemporáneo internacional, creando un fuerte diálogo intergeneracional y entre culturas diferentes.

Dentro del corpus creativo de Campins, la serie Declaración pública se inicia en el 2015 con una gran pintura, la monumental Nido. Esta dio paso a una sucesión de obras mostradas junto a las de otros talentosos artistas cubanos en la primera exposición de Galleria Continua en su sede de La Habana. Nido, con casi el mismo formato de la pantalla del cine, se adaptó al escenario del Águila de Oro, donde fue emplazada sobreponiendo de manera tautológica la tribuna real y la recreada en la pintura.

En los últimos sesenta años en Cuba el gobierno revolucionario construyó numerosas tribunas al aire libre en cada pueblo: escenarios para animar a los habitantes con espectáculos de cine y teatro y para efectuar representaciones gloriosas que difundieran sus doctrinas. Hoy muchos de esos espacios están completamente vacíos, la dejadez oficial se ha apoderado de ellos; desatendidos y llenos de vegetación, sirven de plataforma de juego a los más jóvenes. Este cambio de “utilidad” es para Campins una declaración abierta en tanto la carga histórica del lugar es narrada, en el gesto mismo, de manera irónica. Las imágenes de tarimas ociosas relatan así una historia donde aparentemente nada ocurre, pero en realidad se trata de grandes alegorías del presente. Desprovistas de la presencia humana y de la noción de tiempo nos perturban y llaman nuestra atención. La curiosidad se apropia de nosotros y queremos saber por qué no hay nadie en estas escenas metafísicas, por qué solo hay espacios vacíos.

Desde hace algunos años Campins ha asumido el paisaje de una manera única, rompiendo con la posible “afabilidad” con que la Historia del Arte ha categorizado a este género. Es por ello que en la serie incluye estos enormes bloques de cemento, imágenes de un lugar real que él ya visitó, fotografió y dibujó con anterioridad. Dichos procesos son desarrollados independientemente, pero a la vez se conectan para arribar a la creación de sus telas -en muchas ocasiones colosales- en las cuales el artista trabaja de manera metódica.

Como en muchas de sus obras de los últimos años, la paleta de grises y azules es predominante. Es un azul nostálgico que no llega a ser verde y que prefiero llamar “azul Campins”. Este color, omnipresente en cada una de estas obras, ayuda a generar una atmósfera atemporal lejana de los clichés de la luz tropical.

La única obra dentro de la muestra sobre otro soporte es el proyecto de fresco que realiza en el nicho de Arco dei Becci. Representa allí un espacio real de Cuba situado en la Toscana, pero tamizado por la representación “a la manera de Giotto”. No es casual que Campins haya querido hacer este homenaje en la tierra de los maestros toscanos partiendo del gran predecesor del Renacimiento. Desde su primera visita a San Gimignano poco más de un año antes conectó ahí su pasión por la historia del arte italiano que tanto ha estudiado y esta fue su manera de rendirle tributo.

Con esta exposición emotiva, de lenguaje accesible pero con profundidad de pensamiento, se nos invita a la introspección. Ello sorprendió tanto a los iniciados como a los neófitos presentes el día de la inauguración. Alejandro nos propone una recuperación de la memoria al valorizar estos sitios olvidados, mas presenta a la vez una reflexión sobre la pintura misma, ciertamente porque es un gran pintor, pero también porque logra que estos “espacios metafísicos hablen de su propia historia” como bien él afirma.